miércoles, 15 de julio de 2020

15 de Julio: Paro Regional Campesino-Popular en Istmo de Tehuantepec


Bastante se ha hablado en la televisión y la radio de eso que llaman “Plan para el Desarrollo del Istmo”. Durante casi dos años nos han bombardeado con promesas que traerá progreso, que traerá trabajo, que traerá dinero a caudales y otros discursos idénticos a los que los anteriores gobiernos difundieron para tratar de engañar y embaucar a los pueblos del Istmo de Tehuantepec.

Incluso en marzo del año pasado, el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), pese a la oposición de decenas de comunidades, llevaron a cabo consultas simuladas donde se ha violentado el derecho indígena, obviando también los estándares internacionales en materia de consultas.

Los pueblos, comunidades y asentamientos populares que se verán afectados no hemos sido debidamente informados, no se nos ha brindado certeza jurídica sobre los actos que conlleva este megaproyecto, y por supuesto, tampoco hemos sido consultados.

Ahora ya han comenzado los trabajos preparatorios para la modernización de las vías férreas que atraviesan el Istmo, tanto del Tren Transistmico como de la Línea Chiapas. Lo mismo ocurre con el rompeolas de Salina Cruz. Ambas obras son el inicio de una serie de trabajos contemplados por este megaproyecto el cual con el “nuevo gobierno” solamente ha cambiado de nombre, pero forma parte de los intereses extranjeros desde siempre.

El hoy llamado Plan para el Desarrollo del Istmo (antes Proyecto Alfa-Omega, Plan Puebla-Panamá, Proyecto Mesoamericano y Zonas Económicas Especiales) vislumbra nuevos parques eólicos, minerías a cielo abierto, parques industriales de almacenamiento-embalaje, sub-estaciones eléctricas, ampliación de súper carreteras, modernización y ampliación de ductos petroquímicos, modernización y ampliación de vías férreas y estaciones de operación ferroviaria, modernización y ampliación del puerto, etc.

Por supuesto, ninguna de estas obras millonarias (donde se invierte dinero público) es en beneficio de la población local ni del pueblo de México; todas ellas pertenecen a compañías transnacionales gringas, canadienses y europeas, algunas también asiáticas. Por tanto, es claro que el progreso y las riquezas se irán a otros países, a manos de la oligarquía, compartiendo ganancias con la burguesía criolla, mientras que a los pueblos se les despojará se sus tierras y territorios para convertirlos en el mejor de los casos en peones mal pagados, haciendo de nuestras comunidades grandes burdeles donde la delincuencia organizada, la violencia, la prostitución, las adicciones y la descomposición del tejido social serán nuestra “nueva normalidad”.

Actualmente, los sindicatos charros pertenecientes al autodenominado “congreso del trabajo” (PRI) y los sindicatos gobiernistas pertenecientes a la autodenominada “cuarta transformación” (MORENA) se han repartido el botín de las obras de acarreo de materiales y mano de obra, disputándose a base de chantajes y acciones gansteriles las plazas de cada contrato. Los afectados también son los pueblos y las comunidades, a quienes se les despoja de sus recursos naturales y se les somete a nuevas y brutales formas de violencia en manos de estos grupos de choque al servicio del viejo estado.

En Salina Cruz se pretende desalojar de sus viviendas a las familias proletarias que viven a las orillas de la vía férrea; la promesa es pagarles algunos meses de renta, pero nadie les da certeza jurídica sobre su derecho a una vivienda digna, como lo marca la constitución.

En la Zona Oriente y la Zona Norte del Istmo, respectivamente, la modernización de las vías férreas y demás infraestructura ferroviaria están impactando en la forma de vida de comuneros, ejidatarios, campesinos pobres y pescadores; ya sea por la afectación directa sobre el medio ambiente, la notable atracción de grupos delincuenciales que se acercan como moscas hambrientas, el despojo de territorios y recursos naturales, y desde luego, el desmantelamiento de la propiedad social de la tierra.

En el Sur, el Oriente y el Norte del Istmo, el tren de los extranjeros está siendo rechazado por el pueblo pobre, lo mismo que ocurre con el megaproyecto del mal llamado “Tren Maya”, que tampoco es de los mayas. 

Es claro que tras la privatización y extinción de Ferrocarriles Nacionales lo que queda es el recuerdo de los pueblos que se gestaron y desarrollaron efectivamente a las orillas del tren mexicano, un tren que transportaba pasajeros, cultura, producción nacional y, sobre todo: lucha clasista, lucha patriótica, lucha antiimperialista. ¿Quién no recuerda las imágenes de los revolucionarios a bordo de los vagones del tren, convertido en transporte de tropas agraristas? ¿Quién no recuerda las grandes huelgas ferrocarrileras contra el mal gobierno y en defensa de la soberanía nacional?

El tren de los extranjeros no traerá ni progreso, ni trabajo, ni dinero a nuestras comunidades. El tren de los extranjeros no transportará pasajeros, ni cultura, ni producción nacional; sino que, al ser un tren privado, transportará mercancías privadas, ejércitos privados e intereses privados del imperialismo y la gran burguesía.

Por esta razón, se está desarrollando el Primer Paro Regional Campesino-Popular, unificado, simultáneo y combativo este 15 de julio.

Que quede claro, el pueblo pobre no se opone al progreso ni al trabajo; se opone a la colonización, al despojo y al exterminio de nuestras formas de vida. El tren de los extranjeros no pertenece a los pueblos del Istmo ni al pueblo de México.

¡Viva el primer Paro Regional Campesino-Popular!
¡No al tren de los extranjeros!
¡No a los megaproyectos de despojo y muerte!
¡Renacionalización de la industria ferroviaria y estratégica!
¡El Istmo es nuestro!


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