jueves, 20 de febrero de 2020

AMLO y la muerte no confirmada del “neoliberalismo”


 “Declaramos el fin de la política neoliberal, igual terminamos su política económica de pillaje, antipopular y entreguista”.

Andrés Manuel López Obrador, 17 de marzo de 2019.
Conferencia de Prensa en Palacio Nacional, Ciudad de México.
                                           
Desde hace casi cuarenta años, los trabajadores y las masas populares en México nos hemos acostumbrado a escuchar el término “neoliberalismo”, al cual inmediatamente relacionamos con empresas, capitales, comercio y políticas venidas a territorio nacional made in los Estados Unidos de América, los países Europeos o Asia.

“Neoliberalismo” ha sido también en el imaginario popular, o al menos entre los círculos más retrógrados de la mediana burguesía, la fórmula mágica de solucionar los problemas económicos del país clamando por la “dolarización de la economía”.

En sus diversas connotaciones, la palabra “neoliberalismo” tiene para el pueblo de México el claro significado de su “agringamiento”, ya sea para profundizar la opresión contra el pueblo, o bien para cumplir el deseo de aquellos amantes del american way of live.

Pero, ¿qué cosa es el “neoliberalismo”?

Al seno del movimiento obrero, campesino y popular esta pregunta ha generado grandes e interminables debates durante las últimas cuatro décadas.

Desde diversas aristas, la gran mayoría de las formaciones políticas han presentado toda clase de análisis, más semejantes a un saco parchado con varios trozos de telas multicolores “en aras de la unidad”, que a un análisis concreto, histórico y válido para la lucha de los trabajadores y los pueblos.

Veamos uno de sus “más acabados” posicionamientos:

“La Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo considera necesario distinguir cuál es su interés particular a partir de su propio nombre. Considera que si el Imperialismo es el enemigo común de los pueblos, el neoliberalismo es su parte ideológica e instrumental que pretende, mediante la absoluta dependencia de los gobiernos nacionales, reducidos a simples funciones administrativas, la nueva colonización del orbe. La Promotora establece que la liberalización de las economías obedece a un plan estratégico de los poderosos del mundo y que por tanto, Imperialismo y neoliberalismo son parte de un proyecto mundial por homogeneizar todos los rincones de la tierra a través de un pretendido neocolonialismo contemporáneo”.

Tercera Cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea, del 26 al 29 de mayo en Guadalajara, México.
Manifiesto de la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo
Guadalajara, Jalisco a 17 de mayo de 2004


Para nuestras lectoras y lectores, es preciso mencionar que en esencia, el llamado “proyecto alternativo de nación” que enarbola MORENA [el partido gobernante como expresión de la facción patriotera de la burguesía burocrática] nació precisamente de los mal llamados “referentes de unidad” (Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, Congreso Social Hacia una Nueva Constituyente, Frente Sindical, Campesino, Indígena, Social y Popular, Encuentro por la Unidad Nacional del Pueblo Mexicano, etc.) donde la sumatoria utilitaria [Browderista] de organizaciones y sindicatos de corte reformista, oportunista y revisionista -que además son siempre los mismos formando cada vez nuevos membretes con el mismo programa, los mismos dirigentes, los mismos métodos y objetivos- ha permitido la vulgarización de las luchas del pueblo desviándolas hacia  el llamado “voto útil, el voto crítico, el voto de castigo, o la utilización de la lucha electoral como forma de lucha”.

De igual manera es obligación mencionar que estos “referentes de unidad” han traficado con las luchas del pueblo una y otra vez, desgastándolas, cejando su camino hacia su radicalización, desmoralizándolas y por supuesto, vendiéndolas a cambio de platos de lentejas ante lo que ellos mismos llaman “gobiernos neoliberales” o “malos gobiernos”.

También es preciso mencionar que la gran burguesía tiene su propia definición del “neoliberalismo”, considerándolo como la reinterpretación del liberalismo clásico, que suponía precisamente liberar la economía de las leyes del mercado, que en su momento estaban sujetas al modo de producción feudal (antecedente del capitalismo). Los principales autores de esta teoría e ideólogos burgueses fueron implacablemente combatidos por Carlos Marx y Federico Engels quienes demostraron que el capitalismo como modo de producción está basado en la producción social de la riqueza por la apropiación individual de la misma, es decir: en la explotación de la fuerza de trabajo del proletariado por parte de la burguesía. Los fundadores del materialismo histórico-dialéctico demostraron que ese capitalismo y su política liberal, en realidad habían convertido también al proletariado en una mercancía, cuyo valor de uso es también una fuente de valor.

Desde este punto de vista, una reinterpretación del capitalismo, por el propio capitalismo, es científicamente impensable si esto significa modificar la lógica sobre la cual descansa este.

Para quienes nos proponemos la Revolución Proletaria en México como parte de la Revolución Proletaria Mundial, es imperativo retomar el estudio de la ciencia que nos han legado los clásicos del marxismo-leninismo-maoísmo, permitiéndonos entender qué tipo de sociedad se desenvuelve en México y por tanto, qué tipo de revolución necesita este país.

Nuestra organización ha enfatizado dos aspectos transcendentales que determinan el tipo de capitalismo que existe en nuestro país.

Primero.- La condición semifeudal que aún impera en México, y que puede observarse desde diversos aspectos: a) la existencia de un profundo régimen de servidumbre en las ciudades y campos, mismo que garantiza la subsistencia de trabajos precarios, improductivos y sujetos a atavismos de discriminación racial y trabajo forzado, como el trabajo doméstico, el trabajo infantil, el llamado “turismo sexual” (esclavitud sexual), etc. y b) la existencia misma del latifundio que permite la acumulación de grandes y productivas extensiones de tierra en muy pocas manos, ya sea mediante el carácter inconcluso y corporativizado del extinto reparto agrario, pasando por el “paternalismo constitucionalista” respecto a la mayoría de ejidos y comunidades indígenas (sujetas al más feroz caciquismo), la imposición de agroindustrias y “megaproyectos” imperialistas, y por supuesto, la existencia de los grandes cárteles de la droga y señores de la guerra como expresión concreta de la descomposición de las relaciones de producción en el campo.

Segundo.- La condición semicolonial que asfixia la “soberanía formal” de México mediante la subordinación económica, comercial, científica, tecnológica, política, migratoria, cultural, militar, etc. subordinación particularmente marcada a favor del imperialismo yanqui como súper potencia hegemónica única, que tiene perfectamente uncido a nuestro país a su cadena de producción-dominación imperialista, haciendo de este un país de maquiladoras donde se ensambla (más no produce) la tecnología a un costo más bajo en producción en condiciones evidentemente más ventajosas para la oligarquía financiera internacional y la gran burguesía criolla. A ese fin responden las llamadas “reformas estructurales” (contra-reformas en realidad), la implementación de megaproyecto de despojo y muerte, la instrumentación de tratados comerciales, migratorios, militares, diplomáticos, etc. que mantienen plenamente sojuzgado al pueblo de México ante el imperialismo.

Estos dos elementos determinan el carácter burocrático que tiene el capitalismo en México, por ser este un capitalismo gestado en medio de dos ataduras que no le permiten ni le permitirán desarrollarse por sí mismo, ni aún con reformas de corte cosmético como las que anuncia el obradorismo para “desarrollar el mercado interno”, puesto que al no romper las bases que le maniatan, no puede menos que forzar su dependencia; muestra de ello es la firma del acuerdo migratorio y el nuevo tratado comercial de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Es por esto que negamos la existencia del llamado “neoliberalismo” o “globalización”, puesto que ambos conceptos vienen bien a los intereses estratégicos del imperialismo en los países del tercer mundo, que son precisamente los países oprimidos por las potencias imperialistas y la súper potencia imperialista yanqui.

Hablar de “neoliberalismo” o “globalización” desde los medios masivos de comunicación controlados por el viejo estado es parte de la agenda para el control de daños que tienen los países imperialistas, incluso en la lógica que lo maneja el “nuevo gobierno”.

Hablar de “neoliberalismo” o “globalización” desde el movimiento obrero, campesino y popular es también parte de esa misma agenda, puesto que los “antineoliberales” y “antiglobalización” son precisamente los reformistas, oportunistas y revisionistas de toda cepa que actúan como agentes del imperialismo al interior del movimiento y que temen al estallido de una verdadera revolución popular.

¿Cuál debe ser entonces la correcta posición de demócratas y revolucionarios ante el problema del “neoliberalismo”?

Vladimir Ilich Lenin, desarrolló un trabajo magistral que ha servido para estudiar el desarrollo del capitalismo a nivel internacional y su ulterior desarrollo hacia su fase superior y última: el imperialismo.

El estudio e interpretación de Lenin, son la base necesaria para el proceso de ruptura contra el imperialismo, entendiendo que estamos viviendo una nueva era: la era de las revoluciones proletarias en los países desarrollados y de liberación nacional de los pueblos oprimidos.

Desde esta perspectiva, resulta imprescindible retomar el estudio de su obra titulada: El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrita en Zurich la primavera de 1916 y publicada un año después en Rusia.

Sin pretender hacer de este texto un análisis o resumen de la obra citada, nos limitaremos a enumerar la caracterización leninista respecto al surgimiento y desarrollo del imperialismo, pues creemos que esta es suficiente para desmontar los mitos “neoliberales” y “antineoliberales”, demostrando así que lo que se desenvuelve en contra de nuestra clase y nuestro pueblo es justamente la más estricta doctrina imperialista, analizada por el gran Lenin, haciéndose necesaria una profunda, prolongada y tenaz lucha antimperialista para sacudir las cadenas que oprimen y explotan al pueblo de México.

I.              La concentración de la producción ha derivado en la gestación de los monopolios, que actúan como cárteles o trust de la gran industria, la gran producción y el gran comercio.
II.             Los bancos también han asumido una función monopolista, jugando un nuevo papel  en el desarrollo del capitalismo, la industria, la producción y el comercio, “descentralizando” el proceso bancario de la gran mayoría de los países (privatización) y poniéndolos bajo la órbita de nuevos organismos financieros internacionales (concentración monopólica y subordinación de la banca en general hacia el Banco Mundial, etc.)
III.            El surgimiento del capital financiero y la oligarquía financiera, como resultado de la concentación de la producción y del capital, a tal grado que, ha derivado en la fusión entre el capital industrial y el capital bancario.
IV.          La exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías -que representaba la esencia del capitalismo basada en el “libre mercado”, hoy está sujeta a la práctica monopólica de exportar capitales y ya no bienes; una forma de usura que ha adquirido “carta de ciudadanía” internacional establecida en el poder los monopolios;  esto ha concebido a los “hombres más ricos del mundo”, famosos por su exhibición en revistas como Forbes donde el mexicano Carlos Slim ocupaba hasta septiembre de 2019 el quinto lugar internacional.
V.           El reparto del mundo entre las asociaciones de capitalistas , considerando que a nivel internacional existen países desarrollados o imperialistas y países oprimidos por estos mismos imperialistas; algunos países mantienen una condición abiertamente colonial (subordinación absoluta en los aspectos  de países ocupados militarmente, anexionados jurídica o administrativamente, o atados económicamente a una u otra potencia imperialista) y otros más una condición semicolonial (subordinación velada, manteniendo una “soberanía formal” pero restringida por tratados comerciales, políticos, culturales, militares, etc. a una u otra potencia imperialista). De esta forma se han formado grandes zonas de influencia dominadas por una u otra potencia; en América Latina es clara la existencia de una zona de influencia controlada por el imperialismo yanqui, haciendo de este territorio su patio trasero en términos comerciales y sus líneas interiores en términos militares.
VI.          El reparto del mundo entre las grandes potencias, que actúan permanentemente en colusión (unidad) y pugna (contradicción) entre sí, para mantener el orden imperialista impuesto. Desde está lógica la guerra de rapiña se asume como institución del imperialismo, necesaria para su propia supervivencia, oxigenación y fortalecimiento ante las crisis cíclicas cada vez más recurrentes que enfrenta en los terrenos de la producción, la industria y el comercio. Esta guerra de rapiña busca cambiar, en beneficio de una u otra potencia imperialista, el orden mundial actual, replanteándose el reparto y nuevo reparto del mundo. La guerra como continuación de la política por otros medios (precisamente por la violencia) ha generado las dos grandes conflagraciones internacionales (primera y segunda guerra mundial) así como las guerras de nueva generación como son la guerra de baja intensidad, la guerra asimétrica, la guerra antiterrorista, la guerra contrainsurgente, los golpes militares y golpes “blandos”, las “revoluciones de color”, el terrorismo de estado, el fascismo, las guerras comerciales, las guerras cibernéticas, etc. todas ellas como expresión de la guerra reaccionaria, guerra injusta y guerra contra el pueblo.

Esta caracterización leninista sobre el desarrollo del capitalismo hacia su fase superior y última, nos permite entender que el llamado “neoliberalismo” no solamente no es la parte “ideológica e instrumental” del imperialismo, como aseguran los reformistas, oportunistas y revisionistas que han dado vida a MORENA y la mal llamada “cuarta transformación”; sino que el “neoliberalismo” en sí, no existe.

El “neoliberalismo” es una cortina de humo que pretende enceguecer a las masas trabajadoras y populares para que olviden el carácter antipopular del imperialismo, enemigo principal de los trabajadores y los pueblos.

El “nuevo gobierno” y el “neoliberalismo”

AMLO y Carlos Slim, Conferencia de Prensa Presidencial 27/08/19
Ya hemos leído las declaraciones de AMLO respecto al “fin de la era neoliberal en México”; cada mañana durante sus conferencias de prensa lanza una sobrada dosis de propaganda Goebbelsista para que esta mentira repetida mil veces se convierta en realidad.

Nos parece toral no dejar de recordar que el “triunfo” de MORENA en las urnas ha respondido más bien a los intereses del propio imperialismo yanqui e internacional que al “hartazgo” del pueblo de México, puesto que en la fórmula de los cacareados 30 millones de votantes pro-AMLO van incluidos, además del descontento de las masas populares, la coacción, el corporativismo, el tráfico de principios y las componendas de las organizaciones y partidos variopintos, tanto de aquellos que actúan como bomberos de la revolución al interior del movimiento, como de los viejos partidos de la gran burguesía, incluido el PRI por supuesto.

AMLO es, en términos estratégicos, la válvula de escape que evitó el desbordamiento de la inconformidad popular en una anunciada y solamente retardada rebelión que habrá de venir, y que habrá de estallar con mucha mayor fuerza cuanto más sea aletargada. La inevitabilidad de la revolución es una cuestión dialéctica; esto significa que puede ser retrasada solamente en términos de temporalidad, pero no impedida en términos de objetividad.

El imperialismo yanqui e internacional lo saben bien, por ello ahora ponen en marcha el plan reaccionario del golpe preventivo, no contra AMLO, sino contra esa rebelión que se sigue alimentando y robusteciendo ante lo evidente: MORENA no gobierna para las masas populares, MORENA gobierna para los terratenientes y grandes burgueses de este país, MORENA gobierna para beneplácito del imperialismo. Si la válvula de escape se vuelve irracional, el imperialismo tratará de introducir un pez más agresivo al agua: el fascismo.

Aún hay personas que creen en las palabras de AMLO; creen que “gobierna para los pobres”. El seguidismo al interior de las filas del pueblo es tal que no ven en los programas asistenciales del “nuevo gobierno” el corporativismo que mella el potencial revolucionario de las masas. Ese mismo seguidismo le impide a buena parte del pueblo trabajador observar que megaproyectos como el Plan Integral Morelos (PIM), el Plan para el Desarrollo del Istmo-Corredor Multimodal Istmo, el Tren Maya, la Refinería Dos Bocas, el T-MEC, etc. son en realidad la continuación de la estrategia imperialista aplicada por un gobierno subordinado a éste bajo un discurso de falsa izquierda, populista sí, pero de derecha en el fondo.

AMLO, Susan Segal, banqueros y ejecutivos de compañías transnacionales 18/02/20
Si una imagen dice más que mil palabras, entonces la reciente cena de AMLO con Susan Segal, presidenta de Americas Society Council of the Americas, en compañía con los directivos de la banca y las empresas transnacionales como Walmart, Amazon, Kellogg y FedEx, nos muestran que tan muerto está el mal llamado “neoliberalismo” en México, y hasta qué punto continuamos siendo una semicolonia del imperialismo.

¡En México urge una profunda y radical Revolución de Nueva Democracia, agraria y antiimperialista, que destruya al régimen de servidumbre y el latifundio y acabe con la gran propiedad y dependencia imperialista, enarbolando la verdadera y completa soberanía nacional mediante la autodeterminación de nuestro pueblo!

Solamente de esta manera sentaremos las bases materiales para edificar una nueva sociedad y un nuevo modo de producción: el Socialismo.

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