jueves, 2 de agosto de 2018

65 años de la derrota yanqui en la guerra de agresión contra Corea


Los combatientes del EPC celebran derrota yanqui en 1953

Hace 65 años, precisamente el 27 de julio de 1953, se firmó el Acuerdo de Armisticio que puso tregua a la guerra de agresión de EE.UU. contra la nación coreana. El acuerdo alcanza la derrota yanqui, pero establece el paralelo 38 como frontera de dos Estados, dividiendo un mismo pueblo y nación entre Norte y Sur.

Provocación yanqui y la respuesta coreana

A finales de los años 1940, USA, en su política hacia el Extremo Oriente, buscaba apoderarse de Japón, potencia imperialista regional derrotada años antes en la Segunda Guerra Mundial, y sofocar las revoluciones que se desarrollaban rápidamente en China, Corea y Vietnam.

Durante todo el año 1949, buscando derrotar la revolución en Corea, los yanquis, después de intenso trabajo de sabotaje ejecutado por la CIA, concentraron efectivos militares en el paralelo 38 y la tensión en la zona llegó al clímax, desatándose en la madrugada del 25 de junio de 1950 la criminal guerra contra Corea del Norte. Más de 100 mil miembros de las tropas títeres surcoreanas penetraron uno o dos kilómetros hacia el Norte y a lo largo de todo el paralelo 38.

Durante los dos días siguientes al inicio de las operaciones, las unidades combinadas del Ejército Popular de Corea (EPC), compuesto en buena parte de las masas movilizadas, asestaron destructores golpes en el enemigo y liberaron varias zonas de la parte sur del país. La aviación yanqui, en desesperación, lanzó bombas para detener a los soldados del EPC y sus barcos dispararon cañones sin cesar en las costas este y oeste. En la madrugada del 28 de junio de 1950, las unidades del EPC iniciaron la ofensiva general contra Seúl, centro de la dominación yanqui y de sus títeres. Allí estaban concentrados los órganos de mando administrativo y militar. Después de intensos y duros combates, Seúl fue, finalmente, liberada a las 11 horas y 30 minutos del mismo día 28 de junio. En poco más de un mes, desde el inicio de la guerra, había sido liberado por el Ejército Popular más del 90% del territorio y el 92% de la población de la parte sur de Corea.

Contraofensiva y atrocidades de USA

Sorprendidos con el avance coreano, los yanquis se lanzaron al ataque por tierra, aire y mar al norte de aquel país, buscando detener la ofensiva revolucionaria. Los imperialistas de EE.UU. movilizaron un tercio de sus fuerzas terrestres, la quinta parte de su fuerza aérea, la mayor parte de la flota del Pacífico, más de dos millones de efectivos, incluyendo tropas de 15 países y las tropas títeres surcoreanas, que combatieron bajo la bandera intervencionista de la ONU. Las guerrillas organizadas en la retaguardia de la tropa yanqui la castigaron duramente, cortando el abastecimiento y destruyendo innumerables efectivos y armamentos. Además, en octubre de 1950 son enviados de China los primeros combatientes del Cuerpo de Voluntarios del Pueblo Chino.

Los imperialistas yanquis, para vengar las derrotas sufridas por sus tropas, cometieron inauditas masacres durante la guerra de Corea, perpetraron la bárbara acción de utilizar armas químicas y bacteriológicas - violando las normas del Acuerdo Internacional. La orden del comandante del 8º Ejército yanqui lo prueba: "Aunque sean niños o viejos que se encuentren delante de ustedes, no les debe temblar las manos: matenlos. De esta manera podrán salvarse de la derrota y cumplir con su misión de soldados de las tropas de la ONU". Sólo en la provincia de Hwanghae del Sur mataron a más de 120 mil personas; en el distrito Sinchon, de la misma provincia, más de 35 mil hombres, viejos, mujeres y niños.

A principios de agosto de 1952, Mark Clark, comandante de las tropas de USA en el Extremo Oriente, dio conocimiento del "plan de golpes", que consistía en eliminar completamente del mapa todas las ciudades de la parte Norte. Sólo en 1952, los yanquis lanzaron mil bombas a cada kilómetro cuadrado de la ciudad de Pyongyang y, sobre la ciudad de Kanggye, 160 aviones enemigos lanzaron más de 1,100 bombas en un solo día, destruyendo cerca de 8,700 fábricas y talleres, además de arrasar más de 370 mil hectáreas de tierras cultivables.

Según el plan de guerra bacteriológico, elaborado en el Estado Mayor de EE.UU., los imperialistas yanquis emplearon desde el invierno de 1950 armas bioquímicas en Corea. Antes de huir hacia el sur, en las zonas de la parte norte, los yanquis aplastaron el virus de la viruela. En las regiones en que cayeron las bombas bacteriológicas aparecieron numerosos enfermos de peste, cólera y tifus.

A pesar de todo el genocidio y medios de guerra, los yanquis fueron obligados a renunciar a ese momento a su plan de someter a Corea. Hoy, los yanquis se mantienen como fuerza de ocupación en Corea del Sur, donde están estacionados 37 mil soldados, en permanente actividad saboteadora y provocativa.

Una vez más, yanquis derrotados por la guerra popular

Los revolucionarios chinos constituyeron el Cuerpo de Voluntarios del Pueblo Chino que luchó al lado del pueblo coreano para derrotar a los agresores yanquis. El Presidente Mao Tsetung, que estuvo al frente del Cuerpo de Voluntarios, realizó un importante balance titulado La gran victoria de la Guerra de Resistencia a la Agresión Norteamericana y en Ayuda a Corea y nuestras tareas actuales, del 12 de septiembre de 1952. Reproducimos importante trecho de este documento

"¿A qué se debe esta victoria? La causa principal de la victoria reside en que la nuestra era una guerra popular, apoyada por todo nuestro pueblo y en ella combatieron hombro a hombro los pueblos chino y coreano. Combate contra un enemigo como el imperialismo norteamericano, cuyo armamento era a menudo más poderoso que el nuestro; sin embargo, obtuvimos la victoria, obligándolo a hacer la paz. ¿Por qué? Primero. En el terreno militar, los agresores norteamericanos se encontraban en una situación desventajosa, expuestos a los golpes. Si no hubieran aceptado la paz, todo su frente de batalla se rompió y Seúl probablemente habría sido retomada por el pueblo coreano. Esta perspectiva ya había comenzado a ponerse en el verano del año pasado. Nuestros combatientes y cuadros son ingeniosos y valientes, no temen la muerte. Por otro lado, las tropas agresoras norteamericanas tienen miedo de la muerte y sus oficiales son bastante rígidos, no muy flexibles. Su frente de batalla no tiene solidez, no es ninguna muralla. Nuestro ejército se fortalecía a medida que combatía. En este verano, fuimos capaces de romper, a una hora, posiciones frontales del enemigo a lo largo de 21 kilómetros, disparar de forma concentrada cientos de miles de proyectiles de artillería y penetrar 18 kilómetros en sus posiciones. Otros dos, tres o cuatro combates como éste, y todo el frente del enemigo se desmoronaba. En el terreno político, el enemigo tenía internamente numerosas contradicciones insuperables y los pueblos del mundo entero exigían una solución pacífica. En tercer lugar. En el terreno económico, el enemigo gastó tanto dinero en la guerra de agresión contra Corea que llegó a un desequilibrio presupuestario. Todas estas causas se sumaron para obligar al enemigo a hacer la paz: la primera fue la causa principal, pues sin ella habría sido difícil llegar a la paz con él. Los imperialistas norteamericanos son sumamente arrogantes, y niegan a darse cuenta de lo que es razonable cada vez que se les pide. Cuando aceptan es porque están acorralados, sin otra alternativa. Además, adquirimos experiencias militares y reales de guerra contra las tropas agresoras norteamericanas. Esta vez medimos el calibre de tales tropas. Mientras no se entra en contacto con las tropas norteamericanas, se tendrá miedo de ellas. Después de haber sostenido contra ellas una guerra de treinta y tres meses, medimos profundamente el calibre. El imperialismo norteamericano no es temible, no va más allá de lo que es. Esta experiencia que adquirimos es de un valor incalculable. "

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